Nuestros inmigrantes

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Título

Nuestros inmigrantes

Materia

Sociedad - Inmigración , inmigrantes.

Autor

René Boretto Ovalle

Registro Documental Item Type Metadata

Titulo

Nuestros inmigrantes

Tema

Sociedad, cultura, inmigración

Tipo de documento:

Textual, resultado de investigaciones, material fotográfico.

Descripción contenido

El impacto multicultural en el desarrollo social de Fray Bentos.

Muchas veces hemos dicho que la geografía condiciona al hombre y lo obliga a comportamientos en el desarrollo de su cultura. Hay muchos ejemplos donde vemos, a través de la historia de la humanidad, cómo los pueblos tienden a seguir estos mandatos de la geografía y se relegan a determinada región haciendo crecer su civilización fuertemente condicionada por el medio ambiente. Así, desde el desierto a las montañas y desde las selvas húmedas hasta las pampas, nos muestran territorios antropizados, donde se aprovechan al máximo los recursos naturales.
Pero, hay un elemento presente en toda civilización, que le presenta al hombre el desafío de extender, de expandir el territorio y los lanza al movimiento en lo que llamamos migraciones. Y ese elemento es la economía. Economía desde el punto de vista de la creación, generación u obtención de recursos para la subsistencia y viabilidad de la comunidad a través del tiempo.
Unas veces, será la necesidad de buscar otros territorios por superpoblación humana o por carencia de recursos para la alimentación. Otras veces, será para buscar materias primas o elementos necesarios para imprescindibles para desarrollarse. Muchas otras veces, será la política de expansión de los líderes que tienden a ocupar territorios vecinos para demostrar superioridad. Se ha demostrado que La Ilíada es una antigua versión escrita de cómo los griegos salieron del tradicional lugar de travesías, el Mediterráneo, para ir hacia el norte de las desconocidas Islas Británicas en búsqueda de metales. Vemos con las fabulosas historias de Marco Polo (que algunos hasta dicen que nunca fueron una realidad), cómo se cambió el mundo a partir del comercio enriquecedor y movilizador de verdaderas flotas marinas tras costosos recursos materiales del lejano oriente.
Sucesos políticos que cambiaron el rumbo a la civilización occidental, lo vemos claramente con la toma de Constantinopla por los turcos, lo que obligó a los europeos a encontrar una vía marítima para llegar a las Islas de las Especies, generando un importante movimiento de navegantes portugueses, españoles, holandeses, franceses e ingleses, lo que permitió el redescubrimiento de América. Y digo “redescubrimiento” porque está probado que cientos de años antes, los vikingos habían llegado a las tierras de la hoy América del Norte en una migración de tipo comercial hacia el oeste.
Pero no hay duda que los mayores movimientos masivos de población, se han sucedido escapando del hambre, de las guerras y de las situaciones adversas, como las persecuciones políticas y religiosas en determinados lugares del mundo. Estos movimientos,sobre todo los constatados en los tres últimos siglos, son los que moldearon el mapa actual del mundo, que aún no termina de cambiar.
Y hay una cosa realmente importante cuando los hombres migran o se desplazan masivamente: llevan consigo su cultura y la mantienen vigente, viva en el lugar donde llegan, sobreponiéndose a veces a las culturas locales o, al menos, influenciándose mutuamente para dar paso a una cultura particular y a naciones diferentes. Nosotros, en el Río de la Plata, podemos decir que somos un ejemplo claro de ello. Cada quien que se aleja de su tierra, lo hace embebido en su cultura: su idioma, su forma de hablar, su forma de comer y las recetas culinarias, sus herramientas y costumbres a veces milenarias de labrar la tierra, llevando consigo inclusive hasta semillas aves, insectos como el caso de las abejas, etc. Y hay que tener en cuenta además, que estos desplazamientos humanos, en sus ropas, en sus calzados, en sus enseres y equipajes, en los barcos que viajaron, y aún dentro de sus organismos, transportan de un lado a otro del mundo cosas que ni ellos mismos saben que las llevan, como microorganismos, enfermedades potenciales, etc.
Esta acción del hombre, cuando migra, ha causado impresionantes cambios. Pongamos unos pocos ejemplos: los europeos trajeron y trasmitieron a los aborígenes pestes como la varicela, que mató muchos más millones de indios que los arcabuces de los militares. Un par de gorriones que trajo un cura desde Italia a Sudamérica hoy nos da como resultado una plaga, así como lo fueron los conejos en otros lugares donde se generaron micro ámbitos especiales donde los animales se procrearon hasta impactar en la forma de vida de la gente. Desde el punto de vista del trasiego a través de las fronteras de técnicas y costumbres, solamente registremos los tipos de techos a dos aguas exageradamente inclinados traídos por los arquitectos europeos desde países donde la nieve se acumula peligrosamente en los techos.
Como vemos, ninguno de los ejemplos que podamos comenzar a registrar en nuestro Fray Bentos, está alejado o desconectado de estos antecedentes.
Fray Bentos es uno de los clarísimos ejemplos de lo que sucede cuando el hombre requiere una materia prima esencial y pone sus ojos en otra región del mundo donde puede encontrarla o explotarla.
Vayamos a un ejemplo cercano. Una nación europea, requiere una materia prima que en su lugar de origen es difícil de conseguir o resulta caro el producirla; vienen a Sudamérica y encuentran en el bajo Río Uruguay una zona donde hay profundos puertos, con campos y tierras adecuadas como para hacer crecer la mercadería que buscan; instalan una fábrica que en su momento resulta ser la principal inversión realizada hasta el momento en la economía del Uruguay y que cuando construyen sus instalaciones usan la tecnología más moderna del momento; alrededor del establecimiento construyen casas para alojamiento de personas que vienen por cientos desde el exterior, lo que genera un fuerte impacto socio-cultural; los lugareños conviven con trabajadores venidos desde más de veinte países del mundo; a consecuencia de la actividad de la planta industrial el nombre de Fray Bentos se escapa del ámbito regional y nacional y anda en boca de casi todo el mundo, apareciendo en diarios, revistas y publicaciones cuyos lectores ni se imaginan dónde está ese perdido lugar sudamericano...
Estoy hablando de UPM, no es verdad? Lo siento. En realidad estoy refiriendome a la Compañía Liebig cuando vino a instalarse aquí en 1863... Casi exactamente, las mismas condiciones influenciaron a los europeos para venir a radicarse en este mismo lugar del mundo. Hace 150 años fue en busca de carne.... hoy en busca de madera para extraerle pasta de celulosa...
Me solicitaron abordar el tema de la transculturalidad con un ejemplo local. Pues Fray Bentos es un lugar ideal para traer a colación este asunto, porque se cumplieron, en pequeña escala las mismas condiciones que caracterizan a la migración de personas, diseminando sus propias culturas por doquier.
Fray Bentos, como ciudad, había nacido en abril de 1859 con el nombre de Villa Independencia. Fueron las condiciones geográficas excepcionales las que originaron este poblamiento desde la cuarta o quinta década del siglo 19. Gualeguaychú era un puerto que se supone debía recibir barcos para cargar o despachar mercaderías hacia el mundo, pero no podía hacerlo porque grandes médanos de arena de los arrastres del río Uruguay le ponían un tapón a su puerto, el que era mayoritariamente suplantado por lo que en aquel momento se le llamaba el atracadero de Fray Bentos.
Poco más de tres años después de la fundación, aparece en este esquema el ingeniero Georg Giebert, dispuesto a llevar a la práctica la fórmula de extracto de carne del químico alemán Justus von Liebig, a una escala industrial. El éxito coronó estas ilusiones y previsiones y pronto el establecimiento Liebig comenzó una meteórica carrera industrial y comercial que bien puede ser motivo de otra conferencia.
Esta región del río de la Plata pasaba por momentos políticos muy comprometidos, con revueltas, guerras fraticidas y desórdenes que poco alentaban a los inversores a hacer sus negocios por acá . Evidentemente, el principal problema era el de conseguir mano de obra y fue así que los propios comerciantes europeos fomentaron la venida de grupos de inmigrantes. De hecho, el personal técnico era todo extranjero, ya fuera alemán porque Liebig controlaba la parte del proceso o inglés porque el establecimiento fue producto de la conjunción de dineros de inversores británicos y belgas.
La necesidad de retener a los obreros cerca de la fábrica, hizo que aquí se aplicara tempranamente una idea muy de la revolución industrial europea, que era la de construir “company towns” es decir pequeños poblados para facilitar el asentamiento de la gente. En nuestro caso, seguramente siguiendo el decir de la gente, este barrio se llamó “la ranchada de la Liebig”. Sería mejor dejar que la pluma del genial Eduardo Acevedo Díaz, que visitó el lugar en 1884 nos lo cuente: ... “Saliendo de la pintoresca villa de Independencia, (República Oriental), y a diestra mano, sobre la orilla del río, después de atravesar varios puentecillos en un trayecto no muy largo -entre ellos el del arroyuelo de Los Laureles, que se cubre de verdes frondas al derramar sus aguas en el gran cauce como humilde tributario, - apercíbese en lo empinado de un barranco con sus altas chimeneas y techumbres de roja teja o de celeste zinc, el vasto establecimiento industrial denominado “saladero Liebig”.
Próximo, a la izquierda, vése una acumulación de viviendas raras y caprichosas; tan raras, que a lo lejos no atina uno a pronunciarse sobre su verdadero objeto. Carecen de orden arquitectónico, y parecen haber surgido como grandes y extravagantes hongos de charco de una meseta. Forman sin embargo un villorrio o aldehuela asentada en lo alto de una colina, que más se asemeja a una de verruga por lo redonda, quebrada y viscosa. Este villorrio tiene su redaja de callejuelas, sus senderos bifurcados, sus bifurcaciones de caminillos caprichosos, pero, también luz y aire puro en abundancia. “
Lo que hoy llamamos Barrio Anglo fue, sin duda, junto a la fábrica, el primer pincelazo europeo que se le da a estas barrancas. Tecnología de punta para fabricar algo que nunca se había fabricado en el mundo para las grandes masas sino en un pequeño laboratorio de a cuatro kilos por semana. Por lo pronto, casi todo hacía recordar una parte de la campiña europea: el gran portal de ladrillo de la Liebig era, como dijo un periodista de la época, como un fuerte castillo de la edad media, hasta con sus almenas y fuerte impronta industrial. El barrio, al influjo de los pobladores europeos, pronto tuvo su cancha de tenis, después su course de golf y hasta se dice que la primer cancha de cricket inglés estuvo en Fray Bentos. Cuando llegó el momento, hasta el barrio se sumó a la práctica del fútbol, creándose el Liebig Football Club, que jugaba sus partidos con tripulaciones de barcos ingleses que venían a su puerto, ante la atenta mirada de los criollos que no podían comprender a tantos locos corriendo tras una pelota.
Fray Bentos ha tenido un elemento primordial a la hora de recibir inmigrantes y este es su PUERTO. Hay que tener en cuenta los informes que leemos en los documentos del movimiento del saladero que nos indican que en 1898, hubo un movimiento de 1600 BARCOS DURANTE EL AÑO! Traer materias primas y maquinarias y llevar los productos terminados o como se llamaba en aquel entonces “productos de la tierra” , tenía como consecuencia que gran cantidad de tripulantes vinieran en esas naves y muchos de ellos se quedaban.
Junto con los alemanes e ingleses, vinieron algunas ideas ya afirmadas en la lejana Europa, de la mano de la masonería, que propuso formas de comportamiento que hoy nos parecen adelantadas para la época: un hospital que era también gratuito para los pobladores de Villa Independencia; una escuela que funcionaba dentro de la propia fábrica de día para los hijos y de noche para los trabajadores que desearan aprender; un centro social llamado “La Estrella” y los festejos de los cumpleaños de esa sociedad con tres días de “romerías” que eran fiestas populares llenas de colorido donde se invitaba no sólo a las instituciones sociales del medio sino también las de Paysandú, Mercedes y Gualeguaychú, a las que la gente, con la banda de música al frente, iban al puerto para recibir a la banda Italia Unita que cruzaba el río en lanchas para venir a disfrutar de la festividad.
En los propios galpones de la fábrica, los obreros fueron convidados por el carpintero francés Trouseville para crear lo que sería la sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos que antes de cumplir los dos meses ya tenia 750 socios de varias nacionalidades.
Los italianos, quizá la colectividad más numerosa de la ciudad, también crearon su sociedad de mutuo soccorso y construyeron su edificio frente a la plaza principal donde los 20 de setiembre, celebraban una gran fiesta con distribución de alimentos a los más necesitados, entretenimientos, fuegos artificiales y suelta de globos de colores.
Hubo además un Comité Patriótico Español y un Centro Español, integrados por conspicuos comerciantes de la ciudad.
Un grupo de vecinos alemanes organizaba los días 22 de marzo los festejos con motivo del cumpleaños del Emperador Guillermo.
No debemos dejar de recordar la fundación del Club Unión Oriental, que también tempranamente, en abril de 1881 hicieron su aporte con una institución destinada a la cultura y educación de la población.
El comercio también era una muestra del gran impacto que producía la gran población de origen europeo. Un 80% de todos los comercios antes de finalizar el siglo 19, eran en Fray Bentos propiedad de inmigrantes. Los nombres contribuían a adivinarlo: Hotel Europa de Feliz Fernandez, Cervecería Alemana, Tienda Iberia, Bazar Español, Sastrería La Bella Italia, Zapatería Argentina, Baratillo Los Turcos, Sastrería de Roma... Según la prodigiosa memoria de algunos viejos vecinos, por la década del 1920 había nada menos que sesenta comercios solo en la calle Brasil .
Tenemos en el centro de nuestra plaza Constitución, una muestra de este impacto cultural generado en las relaciones que Fray Bentos tenía con otros países. Es el kiosco o band stand victoriano cuyo diseño original fue solicitado en exclusiva por la Liebig´s Company para instalar en Fray Bentos. Fue un obsequio de la Compañía Liebig a nuestra comunidad y se inauguró el 18 de julio de 1902.
La presencia de extranjeros era importante y en los primeros 75 años de vida de la ciudad, mucho se hizo con su participación y con su empuje y aporte cultural. La mayor parte de las instituciones sociales y culturales que hoy existen, tuvieron intervención y presencia de italianos, franceses, británicos, alemanes y ya más entrado el siglo 20, familias enteras se formaron con inmigrantes de Rusia, Rumania, Turquía, Grecia, Rumania, Ucrania, Bulgaria, y otros países. Tenemos en el Museo de la Revolución Industrial como documentación excepcional, más de diez mil fichas de obreros del frigorífico y anteriores del saladero que fueron pacientemente estudiadas por el licenciado Alberto Douredjian. Gracias a eso podemos decir que al ANGLO vinieron a trabajar personas de casi 60 nacionalidades del mundo...
Además, hay estudiadas 9600 fichas de registro desde 1924 cuyo resultado también se adjunta a estos informes.
La ubicación fraybentina ayudó mucho también a esta presencia de inmigrantes. Este era el centro de un cruce de caminos: uno desde Argentina por Gualeguaychú y Mercedes y otro por el río hacia el norte. Junto al río, desde temprano, los barcos que unieron la ciudad de Salto con Buenos Aires y Montevideo, recalaban en este puerto y muchos pasajeros descendían acá para tomar las diligencias hacia la capital uruguaya porque era relativamente más cerca que continuar por agua.
El intercambio cultural marca y hace diferente la vida de las gentes. Es muy difícil sino imposible que no nos haya quedado prendido en alguna parte de nuestras vidas, el relacionamiento con los rasgos culturales diferentes con los que hayamos tenido contacto. Hace poco, vinieron a Fray Bentos dos hermanas, ya pisando sus ochenta años, que venían a recordar cómo estaba la casita en el barrio Anglo donde habían nacido y vivido sus primeros seis y nueve años de vida. Me obsequiaron con un álbum de fotos que atesoraban aquellos momentos cuando ellas formaban parte de la comunidad de ingleses que caracterizaron varias décadas de la historia fraybentina.
El impacto continúa. Hoy día tenemos un fenómeno de “transculturización” en el que ha ayudado mucho la internet y el gran contacto que tenemos con el resto del mundo a través de la televisión. Pero esos ejemplos que hemos puesto antes han sido los más fuertes y duraderos. La relación humana, los contactos de la gente, que unos aprendan cosas del otro, se hacen parte de ese fenómeno que es como el de ósmosis que estudiamos en física. Los impactos se cruzan, de un lado a otro y si bien no se borran los caracteres de cada una de las culturas, sí permite obtener un producto nuevo. Muchas veces lo habrán oído; un lugar como este es algo así como un “crisol de razas” donde se funden en un caldero mágico que crea una comunidad nueva, con una identidad que tiene ingredientes mezclados.
Muchas veces habrán oído también decir que aquellos que pierden su pasado seguramente no encontrarán su futuro. Esto es muy claro: la sociedad que hoy somos está armada como un rompecabezas cultural, con los componentes de otras sociedades que en el pasado interactuaron y eso no se puede desconocer, porque de lo contrario estaremos perdiendo la esencia misma de nuestra idiosincrasia.
Y ese recordar los fundamentos de nuestra sociedad no solamente está en saber “de dónde venimos” sino utilizar esas riquezas culturales para construir el camino “hacia donde vamos”. Es por eso que el estudio de nuestros objetos patrimoniales es de evidente necesidad. No solamente para cumplir con una obligación curricular, sino como parte de nuestra responsabilidad ciudadana. El estudiar nuestro pasado, el rescatar los valores y continuar aplicándolos, el preservar el cariño por las cosas que hicieron nuestros antepasados, el construir museos y colecciones para que nuestros hijos y nietos aprendan de su propia historia, son obligaciones morales que terminan siendo ineludibles.









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Citación

René Boretto Ovalle, “Nuestros inmigrantes,” "Sistema Documental Patrimonial", consulta 24 de noviembre de 2020, http://sistemadocumental.sdprionegro.com/items/show/93.

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